Bienvenidos al blog que trata de la primera guerra mundial

domingo, 16 de noviembre de 2008

Batalla de Arras


La Batalla de Arras fue una ofensiva británica durante la Primera Guerra Mundial. Desde el 9 de abril al 16 de mayo de 1917, tropas británicas, canadienses y australianas atacaron las trincheras alemanas cerca de la ciudad francesa de Arras.

Durante gran parte de la guerra, los ejércitos opositores del frente occidental se encontraban en un punto muerto, con una línea continua de trincheras que se extendía desde la costa belga hasta la frontera con Suiza. En esencia, el objetivo aliado desde principios de 1915 era romper las defensas alemanas y penetrar hacia el espacio abierto que había detrás y entablar combate con el ejército alemán, numéricamente inferior, en una guerra de movimiento. La ofensiva de Arras se concibió como parte de un plan para provocar este resultado. Se planeó en conjunción con el Alto Mando Francés, que simultáneamente se embarcó en un ataque masivo (la Ofensiva Nivelle) unos ochenta kilómetros al sur. El objetivo fijado de esta operación combinada era terminar la guerra en cuarenta y ocho horas. En Arras, los objetivos inmediatos del Imperio Británico eran más modestos:  atraer a las tropas alemanas desde territorio elegido para el ataque francés y ( capturar el terreno elevado, ocupado por los alemanes, que dominaba la llanura de Douai.

Los esfuerzos iniciales se centraron en un asalto relativamente amplio entre Vimy al noroeste y Bullecourt al sureste. Tras un considerable bombardeo, las tropas canadienses, que avanzaban hacia el norte, consiguieron capturar la significativa cresta de Vimy, y las divisiones británicas del centro también consiguieron importantes avances. Sólo en el sur, donde las fuerzas británicas y australianas fueron frenadas por una defensa elástica, se consiguieron pocos avances. Tras estos éxitos iniciales, las fuerzas británicas entablaron una serie de operaciones a pequeña escala para consolidar las posiciones recién ganadas. Aunque en general estas batallas tuvieron éxito en sus limitados objetivos, muchas de ellas tuvieron como resultado un número de bajas relativamente grande.

Cuando la batalla terminó oficialmente el 16 de mayo, las tropas del Imperio Británico habían hecho progresos significativos, pero no habían conseguido un avance importante en ningún punto. Se probaron en batalla varias tácticas experimentales —por ejemplo, la barrera de artillería rodante, el detonador instantáneo graze fuze, y el fuego anti-batería—, especialmente en la primera fase, y habían demostrado que los asaltos planificados contra posiciones muy fortificadas podían tener éxito. Este sector volvió al punto muerto que tipificó la mayor parte de la guerra en el frente occidental.

Antecedentes políticos

Los años de guerra fueron tiempos de gran agitación. Los políticos de París y Londres se encontraban bajo una gran presión por parte de la prensa, el pueblo y sus parlamentos para que dieran fin a la guerra. Las bajas de las batallas de Gallípoli, del Somme y de Verdún habían sido muy altas y había pocas perspectivas de una victoria a corto plazo. El primer ministro británico, H. H. Asquith, dimitió a principios de diciembre de 1916, y fue sucedido por el "mago galés", David Lloyd-George. En Francia, el premier Aristide Briand, con el temible general (más tarde mariscal) Hubert Lyautey como ministro de defensa, estaba políticamente tocado y dimitiría en poco tiempo, en marzo de 1917.

Mientras, al otro lado del Atlántico, Estados Unidos estaba cerca de declararle la guerra a Alemania. La opinión pública americana estaba cada vez más agitada por una larga serie de ataques importantes de U-Boots contra barcos civiles, empezando por el hundimiento del RMS Lusitania en 1915 y culminando con el torpedeo de siete mercantes norteamericanos a principios de 1917. El Congreso de los Estados Unidos le declaró finalmente la guerra al Imperio alemán el  de abril de 1917, pero pasaría más de un año antes de que se pudiera levantar, entrenar y transportar a Francia un ejército adecuado.

Antecedentes estratégicos

Aunque los franceses y británicos pretendían lanzar un ataque en la primavera de 1917, dos desarrollos pusieron minaron el plan. Primero, en febrero, Rusia rehusó comprometerse a una ofensiva conjunta, lo que significaba que la ofensiva a dos frentes que se había planeado se reduciría a un asalto únicamente francés a lo largo del río Aisne. Segundo, el ejército alemán empezó a retirarse y consolidar sus posiciones a lo largo de la línea Hindenburg, descolocando así las suposiciones asumidas para los planes de la ofensiva francesa. De hecho, hasta que las tropas francesas avanzaron para compensar durante la Batalla de Arras, no se encontraron tropas alemanas en la zona planeada para el asalto. Dados estos factores, al principio no estaba claro si la ofensiva prosperaría. El gobierno francés existente necesitaba desesperadamente una victoria para evitar una agitación civil masiva en casa, pero los británicos recelaban de proceder en vista de los cambios tan rápidos que se estaban produciendo en la situación táctica. Sin embargo, en un encuentro con David Lloyd George, el comandante en jefe francés Robert Nivelle consiguió convencer al primer ministro británico de que, si los británicos lanzaban un ataque de distracción para alejar a las tropas alemanas de la zona del Aisne, la ofensiva francesa podría tener éxito. Se acordó que el ataque francés al Aisne se llevaría acabo a mediados de abril y que los británicos harían un ataque de distracción en la zona de Arras, aproximadamente una semana antes.

Batalla de las Ardenas


La Batalla de las Ardenas (1914) fue una de las batallas iniciales de la Primera Guerra Mundial. Tuvo lugar entre el 21 y el 23 de agosto de 1914 en los bosques de la zona del mismo nombre, en el marco de lo que después se llamó la batalla de las fronteras. El comandante en jefe francés, Joseph Joffre, siguiendo las directrices del Plan XVII, ordenó un avance a través de los bosques de Las Ardenas para apoyar la invasión francesa de Lorena. Ignorando el alcance del Plan Schlieffen, los franceses creyeron que el avance alemán sobre Bélgica era el eje principal de movimiento en una maniobra clásica de envoltura, con lo que el centro de la línea alemana contaba con tan pocos efectivos que podrían atravesarlo y dividir al enemigo en dos grupos separados. En su lugar, se dieron de frente en medio de Las Ardenas con la parte central del “rodillo” previsto en el Plan Schlieffen, el eje sobre el que pivotaba todo el flanco derecho germano. Las fuerzas francesas, los ejércitos tercero y cuarto, esperando encontrar tan solo resistencia ligera, se enfrentaron al avance de los ejércitos alemanes cuarto y quinto durante dos días de combates.

Inicio de la batalla: El primer día

El Plan XVII, bajo el que actuaban los franceses, asumía que la presencia alemana en Las Ardenas era ligera, formada principalmente por el flanco izquierdo del cuerpo central alemán, al que suponían avanzando a paso de carga hacia Bélgica. Bajo esa perspectiva, el avance sobre Lorena, además de ser requerido para recuperar suelo francés perdido en 1870, era también una buena solución estratégica, pues amenazaba todo el flanco enemigo con una penetración que podría llegar a dividir sus fuerzas en dos.

El avance francés sobre Lorena se había iniciado el día 14 de agosto, y aún se peleaba con intensidad creciente el 20 de agosto, fecha en que los alemanes lanzaron un furioso contraataque. De hecho, las cosas empezaban a pintar mal para las armas de Francia. La resistencia alemana era superior a lo esperado. Ese mismo día a primera hora llegaron informes al alto mando francés afirmando que se había visto grandes concentraciones de tropas alemanas avanzando hacia el Meuse, más al norte y en dirección a Bélgica.

Creyendo que los alemanes proseguían su avance hacia Bélgica, dejando Las Ardenas con poca guarnición, el mariscal Joffre ordenó un ataque por sorpresa en la zona para el día siguiente. A fin de mantener ese factor sorpresa, se prohibieron los reconocimientos previos por parte de patrullas, que de ser detectadas por el enemigo habrían podido delatar las intenciones francesas. Muchos han argumentado después que esa medida solo logró causar sorpresa a los franceses. En cualquier caso, los ejércitos franceses tercero (liderado por el general Pierre Ruffey) y cuarto (liderado por el general Fernand de Langle de Cary) empezaron a maniobrar para lanzarse al asalto del bosque al día siguiente, el tercero por el sur y el cuarto un poco más al norte. El quinto ejército francés, que podía haber actuado como fuerza de reserva, fue enviado de urgencia a Charleroi al tenerse noticias de un incremento de tropas alemanas en la zona.

Pero los alemanes no tenían en la zona un puñado de tropas de guarnición, sino los ejércitos cuarto y quinto, liderados respectivamente por el duque Alberto de Württemberg y el Príncipe Guillermo de Prusia. Habían iniciado su avance a través de los bosques el día 19 de agosto, construyendo defensas para aprovechar el tiempo que el Plan Schlieffen les forzaba a estar parados, ya que debían avanzar más lentamente que el ala derecha alemana, que debía recorrer más distancia. Eran muchos más de los esperados por los franceses, y estaban atrincherados en sus posiciones.


Para acabar de poner las cosas interesantes, el día 21 de agosto amaneció con una densa niebla, por lo que las vanguardias de ambas fuerzas se dieron de bruces casi literalmente. Entre la niebla, que no permitía reconocimientos en profundidad, y su planificación, las tropas de vanguardia francesas creyeron haber topado con una pequeña fuerza alemana de pantalla. El día pasó con breves escaramuzas a causa de la poca visibilidad, con los franceses preparándose para arrollar a grupos dispersos de alemanes al día siguiente. Pero la realidad es que se enfrentaban en inferioridad numérica a una fuerza parapetada en posiciones defensivas. Ruffey lo sospechaba, a partir de sus propias observaciones y de informes recibidos de refugiados, pero sus envíos de dichos informes al cuartel general de Joffre no obtuvieron nunca respuesta.

La batalla: el segundo día

El 22 de agosto amaneció despejado y las tropas francesas se lanzaron al asalto vistiendo sus uniformes de color azul y rojo, a pesar de las preocupaciones de Ruffey sobre el tamaño real de las fuerzas alemanas. Fueron hechos pedazos por las ametralladoras alemanas y el fuego de fusilería. Los contraataques alemanes se dieron de frente con la artillería ligera francesa de 75 mm, que causó también gran cantidad de bajas. Pero al final del día, de los cuatro ejes de avance franceses (Virton, Tintigny, Rossignaland y Nefchateau), tan solo en Virton se había logrado algún éxito. En todos los demás, los supervivientes se vieron rechazados a sus posiciones de partida. Muchas unidades, como la Sexta división colonial argelina, habían sido aplastadas por completo (en el caso de la sexta incluso fallecieron los generales Raffenel y Rondoney, jefes de división y de brigada respectivamente). La cuenta de muertos del día pasó de los diez mil. Heridos, más del doble.

Al final del día, Ruffey estalló en un torrente de improperios contra la ceguera e incompetencia de su propio cuartel general y su “costumbre” de ignorar los informes. Eso creó una animadversión entre él y Joffre que tendría consecuencias posteriores. En cualquier caso, las unidades francesas estaban totalmente destrozadas tras el combate y muchas habían dejado de existir. Los alemanes por su parte apenas se habían movido de sus posiciones, exceptuando la pérdida de la zona de Virton, y a pesar de la gran cantidad de bajas, mantenían a todas sus unidades en la línea.

El final: el tercer día

El 23 de agosto sucedió lo que todos esperaban ya desde la noche antes. Los alemanes, conscientes del estado de las fuerzas enemigas, lanzaron su asalto. Las tropas francesas restantes no solo no fueron capaces de repelerlo, sino de mantener siquiera un atisbo de organización, y se lanzaron a una huida desorganizada, apenas repelida por los hombres del quinto ejército, enviado de vuelta apresuradamente, y que no pudo hacer más que retrasar el avance alemán. La retirada ya no se detendría hasta alcanzar la línea del Moselle.


martes, 4 de noviembre de 2008

Inicios


La Primera Guerra Mundial fue un conflicto armado a escala mundial desarrollado entre 1914 y 1918. Originado en Europa, por la rivalidad entre las potencias imperialistas, se transformó en el primero en cubrir más de la mitad del planeta. Fue en su momento el conflicto más sangriento de la historia. Antes de la Segunda Guerra Mundial, esta guerra solía llamarse la Gran Guerra o la Guerra de Guerras.
A finales del
siglo XIX, Inglaterra dominaba el mundo tecnológico, financiero, económico y sobre todo político. Alemania y Estados Unidos le disputaban el predominio industrial y comercial. Durante la segunda mitad del siglo XIX y los inicios del siglo XX se produjo la repartición de África (a excepción de Liberia y Etiopía) y Asia Meridional, así como el gradual aumento de la presencia europea en China, Estado en franca decadencia.
Estados Unidos y, en menor medida, el Imperio Ruso controlaban eficientemente sus vastos territorios, unidos por largas líneas férreas (ferrocarril Atlántico-Pacífico y Transiberiano, respectivamente). Inglaterra y
Francia, las dos principales potencias coloniales, se enfrentaron en 1898 y 1899 en el denominado incidente de Faschoda, en Sudán, pero el rápido ascenso del Imperio alemán hizo que los dos países se unieran a través de la Entente cordiale. Alemania, que solamente poseía colonias en Camerún, Namibia, África Oriental, algunas islas del Pacífico (Islas Salomón) y enclaves comerciales en China, empezó a pretender más a medida que aumentaba su poderío militar y económico posterior a su unificación en 1871. Una desacertada diplomacia fue aislando al Reich, que sólo podía contar con la alianza incondicional de Austria-Hungría.
Francia deseaba la revancha de la derrota sufrida frente a Prusia en la
Guerra Franco-prusiana de 1870-1871. Mientras París estaba asediada, los príncipes alemanes habían proclamado el Imperio (el llamado Segundo Reich) en el Palacio de Versalles, lo que significó una ofensa para los franceses. La III República perdió Alsacia y Lorena, que pasaron a ser parte del nuevo Reich germánico. Las generaciones francesas de finales del siglo XIX, sobre todo el Ejército, crecieron con la idea de vengar la afrenta recuperando esos territorios. En 1914 sólo hubo un 1% de desertores en el ejército francés, en comparación con el 30% de 1870.
Mientras tanto, los
países de los Balcanes liberados del Imperio Otomano (el «enfermo de Europa») fueron objeto de rivalidad entre las grandes potencias. Turquía, que se hundía lentamente, no poseía en Europa —hacia 1914— más que Estambul, la antigua Constantinopla. Todos los jóvenes países nacidos de su descomposición (Grecia, Bulgaria, Rumania, Serbia, Montenegro y Albania), buscaron expandirse a costa de sus vecinos, lo que llevó a dos conflictos entre 1910 y 1913, conocidos como Guerras Balcánicas.
Impulsados por esta situación, los dos enemigos seculares del Imperio Otomano continuaron su política tradicional de avanzar hacia Estambul y los Estrechos. El
Imperio Austrohúngaro deseaba proseguir su expansión en el valle del Danubio hasta el mar Negro, sometiendo a los pueblos eslavos. El Imperio Ruso, que estaba ligado histórica y culturalmente a los eslavos de los Balcanes, de confesión ortodoxa —ya les había brindado su apoyo en el pasado— contaba con ellos como aliados naturales en su política de acceder a «puertos de aguas calientes». Evidentemente, estas políticas opuestas entre una potencia católica y otra ortodoxa provocaron enfrentamientos.
Como resultado de estas tensiones, se crearon vastos sistemas de alianzas a partir de 1882:
de una parte, Francia, el Imperio Británico y el Imperio ruso (
Triple Entente) y
el Imperio alemán, el Imperio Austrohúngaro e Italia (
Triple Alianza).
A este período se le conoce como
Paz armada, ya que Europa estaba destinando cuantiosas cantidades de capital al armamento y, sin embargo, no había guerra, aunque se sabía que ésta era inminente.
La guerra comenzó como un enfrentamiento entre Austria-Hungría y Serbia, pero Rusia se unió al conflicto, pues se consideraba protectora de los países eslavos y deseaba socavar la posición de Austria-Hungría en los Balcanes. Tras la declaración de guerra austrohúngara a Rusia el
1 de agosto de 1914, el conflicto se transformó en un enfrentamiento militar a escala europea. Alemania respondió a Rusia con la guerra, obligada por un pacto secreto contraido con la monarquía de los Habsburgo, y Francia se movilizó para apoyar a su aliada. Las hostilidades involucraron a 32 países, 28 de ellos denominados «Aliados»: Francia, los Imperios Británico y Ruso, Canadá, Estados Unidos (desde 1917), Portugal, Japón, así como Italia, que había abandonado la Triple Alianza. Este grupo se enfrentó a la coalición de las «Potencias Centrales», integrada por los imperios Austrohúngaro, Alemán y Otomano-Turco, acompañados por Bulgaria.